Prost Grand Prix: El sueño tricolor del Profesor que acabó en pesadilla
Tras retirarse definitivamente de la Fórmula 1 en 1993 como tetracampeón del mundo, Alain Prost no se alejó mucho del paddock. Analista perspicaz, piloto metódico y de carácter calculador, el francés comenzó a madurar la idea de formar su propio equipo. No quería simplemente ser comentarista o asesor, sino crear algo propio, algo duradero. Como Jackie Stewart con Stewart GP, Prost aspiraba a construir una escudería que pudiera competir al máximo nivel, impulsada por el orgullo nacional francés.
De Ligier a Prost Grand Prix: el origen de una ilusión
La oportunidad apareció a finales de 1996, cuando el equipo Ligier, fundado por Guy Ligier en los años 70, pasaba por serias dificultades. Alain Prost, con el respaldo del Grupo Canal+, compró la estructura con sede en Magny-Cours y la rebautizó como Prost Grand Prix. El cambio no fue simplemente estético: el equipo se trasladó a Guyancourt, cerca de París, y se rodeó de un equipo técnico joven pero ambicioso.
El plan era claro: unir lo mejor del talento francés —ingenieros, pilotos, patrocinadores y motoristas— para crear una escudería que representase el orgullo nacional en la F1. En 1997, el coche (el JS45, aún bajo herencia Ligier) montaba motores Mugen-Honda, con Olivier Panis y Shinji Nakano al volante. La temporada arrancó sorprendentemente bien: Panis logró un podio en Brasil y puntuó con regularidad. Tras el GP de Canadá, estaba tercero en el Mundial, sólo por detrás de Schumacher y Villeneuve. Sin embargo, un brutal accidente en Montreal le fracturó ambas piernas, lo que forzó a cambiar por Jarno Trulli a mitad de año. A pesar del golpe, Prost GP terminó sexto en el campeonato, una posición esperanzadora para una escudería debutante.

⚙️ El motor Peugeot: una apuesta nacional que no funcionó
Con el deseo de convertir a Prost GP en un equipo 100% francés, en 1998 llegó un acuerdo con Peugeot para suministrar motores. A nivel político y de imagen fue un triunfo: Prost, Peugeot, y un piloto francés como Panis representaban el “todo tricolor” que la afición y los patrocinadores deseaban. Sin embargo, la realidad en pista fue muy distinta.
El AP01, coche de 1998, fue un desastre técnico. Sufrió fallos de fiabilidad constantes y el motor Peugeot no estuvo a la altura del resto. Además, el equipo carecía de un líder técnico consolidado. El talento joven no logró compensar la falta de experiencia en la gestión aerodinámica ni en el desarrollo de carrera. Prost no sólo era el propietario, también era director deportivo y portavoz, lo que le exigía estar en mil frentes a la vez. El equipo cayó al noveno puesto en el campeonato, sin podios ni grandes resultados.
En 1999, con John Barnard como consultor técnico y con Trulli consolidado como líder, el equipo pareció dar un pequeño paso adelante. El AP02 era más competitivo y logró un brillante segundo puesto en Nürburgring bajo condiciones cambiantes. Pero fue un espejismo. El motor seguía siendo frágil, el chasis mediocre y los recursos, limitados. El equipo terminó de nuevo en el noveno puesto.
El caos de 2000 y el principio del fin
La temporada 2000 fue la más caótica de todas. Alain Prost intentó reflotar el equipo recurriendo a patrocinadores brasileños y fichando a Jean Alesi, todo un veterano con experiencia en Ferrari, Benetton y Sauber. También se incorporó Nick Heidfeld, campeón de F3000.
El coche, el AP03, fue calificado por el propio Alesi como «peligroso» en más de una ocasión. Ni él ni Heidfeld lograron sumar un solo punto en todo el año. El coche sufría de sobrepeso, mala carga aerodinámica, errores de diseño y seguía acarreando los problemas del motor Peugeot. El equipo terminó último del campeonato, y Peugeot anunció su retirada inmediata de la Fórmula 1. Prost se encontró de nuevo en la cuerda floja.
Para 2001, Prost logró un acuerdo con Ferrari para recibir motores cliente (rebautizados como Acer), una maniobra similar a la que usaban Sauber o Minardi. Alesi permaneció, aunque cambiaría de equipo a media temporada por Jordan, y pasaron por el equipo Luciano Burti, Heinz-Harald Frentzen y Tomáš Enge, este último debutando tras el accidente de Burti en Bélgica. El equipo logró algunos puntos aislados, pero los resultados no eran suficientes para garantizar la supervivencia.
Además, la gestión económica era caótica. Alain Prost no encontraba patrocinadores sólidos, el equipo acumulaba deudas millonarias y los inversores dudaban de su viabilidad. El Grupo Diniz (familia del piloto Pedro Diniz) tuvo negociaciones para adquirir parte del equipo, pero las tensiones con Prost impidieron el acuerdo final.

Quiebra y despedida
El 28 de enero de 2002, Prost Grand Prix fue declarado en quiebra tras acumular más de 30 millones de euros en deudas. La escudería desapareció del campeonato antes de iniciar la pretemporada, y sus activos fueron liquidados. Alain Prost, en su despedida, acusó a la FIA y a Bernie Ecclestone de haber dejado morir a los equipos privados mientras favorecían a los grandes fabricantes.
Pese a sus esfuerzos y contactos, Prost nunca logró recomponer el proyecto. Su sueño de tener una escudería de éxito como expiloto había fracasado.
El legado posterior de Alain Prost
Pese a este fracaso como constructor, Alain Prost siguió vinculado al mundo del motor.
En los años posteriores fue comentarista, embajador de marcas y asesor técnico para diversos medios. En 2017, Renault lo nombró asesor especial del equipo de F1. Con la transición a Alpine en 2021, Prost fue nombrado director no ejecutivo y embajador oficial, colaborando con la gestión deportiva y actuando como figura clave en la comunicación.
No obstante, en 2022, la relación terminó de forma abrupta. Prost dejó el equipo criticando duramente a Laurent Rossi, entonces CEO de Alpine, acusándole de centralizar decisiones sin escuchar a los expertos ni valorar la historia del automovilismo francés. Su salida marcó un punto de inflexión, y desde entonces Alain Prost ha optado por mantener un perfil más bajo, centrado en su faceta empresarial y personal.
Conclusión: un proyecto con alma, pero sin estructura
Prost Grand Prix nació con una idea noble y una identidad muy definida: devolver a Francia su sitio en la élite de la Fórmula 1. Pero las buenas intenciones no fueron suficientes. La falta de financiación estable, los errores técnicos y las decisiones estratégicas mal calculadas acabaron lastrando un proyecto que, sobre el papel, parecía tener todos los ingredientes para triunfar.
Alain Prost, el “Profesor”, demostró ser un genio al volante, pero su paso por los despachos fue una lección más dura de lo esperado. Una que, sin embargo, enriqueció aún más su leyenda.
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